Como parte de mi pequeña contribución al BLOG ACTION DAY he decidido recuperar este primer artículo que escribí cuando colaboraba con Solidarios y que se publicó Rebelión en su momento. Me parece que sigue estando de actualidad.

2025, colapso por falta de abastecimiento energético

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Las regiones que albergan las mayores reservas energéticas del planeta son las que menos se benefician de ellas. Canadá, EEUU y Europa consumen el 55% de la energía mundial. África y Latinoamérica juntas apenas consumen un 8%, y sin embargo, son los mayores productores de energía. Las transnacionales del Norte acaparan los recursos energéticos de los países del Sur con el consentimiento sistemático de gobiernos, guerrillas y el beneplácito del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Un boliviano y un angoleño tienen la triste suerte de disponer de tres veces menos energía per cápita que, por ejemplo, un argentino. Las estimaciones más optimistas prevén que en 2025 las demandas de energía de los países en desarrollo se habrán triplicado. La falta de tecnologías eficientes implica que producir un mismo bien en el “Tercer Mundo” requiera un 40 % más de energía que si se realizara en los países ricos. La incorporación de China e India, con una población de tres mil millones de habitantes, al tren de vida occidental supondría el colapso total del sistema por falta de abastecimiento energético.

La humanidad confía el 75% de sus necesidades energéticas a la quema de combustibles fósiles – petróleo, gas natural y carbón – responsables de la contaminación atmosférica que engendra la lluvia ácida y destruye la capa de ozono acelerando el calentamiento del planeta, y con ello, el cambio climático. De seguir al ritmo de consumo actual, las reservas de petróleo y gas durarán unos cincuenta años y las de carbón unos doscientos.

Mientras Occidente se plantea racionalizar el consumo de viviendas, empresas y vehículos -que ahora malgastan el 30% de la energía- con medidas como la subida de las facturas, 2000 millones de personas viven sin acceso a formas modernas y adecuadas de energía que ponen serias trabas a su desarrollo. La combustión deficiente en el hogar a causa de la quema de leña ocasiona 3 millones de muertes prematuras al año, mujeres y niños en su mayoría.

En este contexto tan poco halagüeño las fuentes de energía renovable no contaminantes (solar, hidráulica, eólica, geotérmica y por biomasa) se perfilan como alternativas cada vez más viables a los combustibles fósiles, a pesar de requerir una inversión inicial un poco más elevada. El carácter local de las energías renovables permite a los países del Sur disminuir su dependencia de las importaciones de combustible y aumentar la seguridad del suministro energético, al tiempo que se liberan de la dependencia impuesta por las multinacionales energéticas – BP, Shell, Standard Oil – que no sólo adquieren los “derechos de explotación” del patrimonio natural por décadas, sino que emplean mano de obra barata que trabaja de sol a sol y malvive en condiciones de miseria. A lo que conviene añadir las campañas de propaganda que realizan para mantener intactos sus privilegios.

Este modelo basado en el alto consumo energético, es una amenaza para la conservación de la biodiversidad e hipoteca el futuro desarrollo de las generaciones venideras. Sólo una apuesta decidida por un reparto equilibrado de la energía mundial – imprescindible, por otra parte, para el desarrollo – que conceda el protagonismo a las energías renovables puede evitar una crisis global en el suministro energético y frenar el cambio climático.

Debemos ser conscientes de los efectos globales de nuestros actos locales para impedir que el planeta prescinda de nosotros.

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